Ayer te recordé
Ayer te recordé, y te recuerdo. Justo aquí, en este momento, donde mi cabeza no da para más, intoxicado por cebada fermentada y una que otra cosa más. Justo en uno de esos estados en donde uno solo piensa en lo esencial, en lo importante. Y duele. Aún duele.
Ayer recordé tu risa, esa dulce melodía, para mí, que me permitía saber cuánto alegraba tus días, y a la vez, alegraba los míos.
Ayer recordé tu cabello, que cual seda mágica cayendo, se posaba sobre mi cara y pecho, y era aquello, ese detalle el cual nunca quería que me faltara.
Ayer recordé tu cuerpo, escultura maravillosa, perfecto, el lugar donde siempre quise estar.
Ayer te recordé, a ti y cada momento que pasamos, bueno y malo, y te agradezco; todavía le otorgas a este pobre idiota con ínfulas de escritor herramientas, aún después del tiempo y desde la distancia.
Hoy te perdono, y me perdono, porque no era fácil de cargar aquello que teníamos, sin embargo, lo dimos todo. El tiempo pondrá todo en su lugar, y ojalá, amor de mi vida; tu lugar sea junto al mío.
Ayer te recordé.
Hoy te recuerdo.
Mañana te recordaré.


